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GUIA DE BOLSILLO DE LA TEORIA POLIVAGAL

9788494878886

STEPHEN PORGES

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EDITORIAL ELEPHTERIA

214 PAG. RUSTICA

1 | 2018

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Un gran problema a la hora de comprender las respuestas neurofisiológicas al trauma es que éste se ha conceptualizado como un trastorno relacionado con el estrés. Al situar el trauma en esta categoría, importantes características específicas del trauma se pierden en el debate sobre las causas, los mecanismos y los tratamientos. El problema radica en la confusión de creer que el sistema nervioso humano responde al peligro y al riesgo de muerte con una reacción de estrés común que se asocia al sistema nervioso simpático y al eje HHA (hipotalámico-hipofisario-adrenal). Terapeutas y científicos han dado por hecho que el sistema nervioso humano tiene un único sistema de defensa o estrés, relacionado con el manejo de los comportamientos de «lucha/huida». La teoría polivagal subraya que el peligro y el riesgo de muerte dan lugar a distintos perfiles de respuesta defensiva. De acuerdo con la teoría, las reacciones ante el peligro están asociadas a las nociones aceptadas de respuesta al estrés expresadas en incrementos de la actividad autónoma en el sistema nervioso simpático y las glándulas suprarrenales. No obstante, la teoría polivagal también identifica un segundo sistema defensivo relacionado con el riesgo de muerte, que se caracteriza por la presencia de una vía ancestral del sistema nervioso parasimpático que inhibe profundamente la función autónoma.

Todos sabemos de los efectos negativos de la «clásica» respuesta al estrés, que interfiere con las funciones favorables a la salud del sistema nervioso. Al alterar la regulación de los sistemas autónomo, inmune y endocrino, el estrés genera vulnerabilidad a las enfermedades mentales y físicas. Este sistema defensivo se describe en todas las obras académicas de psicología, y es esencial en todo debate sobre los vínculos entre la salud y las experiencias psicológicas. Es un modelo descrito en subdisciplinas como la neuroendocrinología, la neuroinmunología, la psicofisiología y la medicina psicosomática. No obstante, en estos debates no se describe un segundo sistema defensivo, cuyas características no giran en torno a la movilización, como sucede con las reacciones de lucha/huida, sino en torno a la inmovilización, el bloqueo conductual y la disociación. Frente a indicios de peligro, los comportamientos de lucha/huida son funcionalmente adaptativos, pero no lo son tanto cuando no es posible escapar o defenderse físicamente.

A diferencia de las reacciones de lucha/huida, la respuesta ante el riesgo de muerte activa un segundo sistema defensivo, expresado mediante la inmovilización y la disociación. Cuando el cuerpo se inmoviliza para defenderse, se adentra en un singular estado fisiológico que es potencialmente letal. Esta respuesta se observa con frecuencia en pequeños mamíferos, como el ratón común al cazarlo un gato. Cuando un ratón está atrapado entre las fauces de un gato, parece muerto, pero no lo está. Esta reacción adaptativa del ratón se denomina «tanatosis» o fingir la muerte. No se trata, sin embargo, de una respuesta consciente ni voluntaria. Es una reacción biológica adaptativa a la incapacidad de recurrir a mecanismos de lucha/huida para defenderse o escapar. Esta respuesta refleja es similar a la de un humano que se desmaya de miedo.

A las dificultades a la hora de tratar a los pacientes de trauma se añade la falta de conocimiento de todo el abanico de reacciones biológicas adaptativas frente a las amenazas. Por desgracia, muchos médicos entregados que trabajan con estos pacientes desconocen el sistema defensivo de la inmovilización. La literatura científica sugiere que este punto flaco se debe a la incompatibilidad de un sistema defensivo de inmovilización con las teorías dominantes sobre el estrés, cuyo eje es la contribución de las glándulas suprarrenales y el sistema nervioso simpático a las estrategias defensivas de movilización.

La teoría polivagal subraya que el sistema nervioso tiene más de una estrategia defensiva, y que la decisión de utilizar la estrategia defensiva activa de lucha/huida o la del bloqueo y la inmovilización no es voluntaria. Más allá de la percepción consciente, el sistema nervioso no deja nunca de evaluar los riesgos del entorno, formarse juicios y fijar prioridades para comportamientos que son adaptativos. Estos procesos se dan sin que seamos conscientes de ello y sin los procesos mentales conscientes que atribuimos a las funciones «ejecutivas» que intervienen en la toma de decisiones.

En algunas personas, determinadas características físicas de un desafío ambiental suscitarán un comportamiento de lucha/huida; otras tal vez se bloqueen por completo en respuesta a las mismas características físicas. Quiero destacar que a la hora de tratar eficazmente un trauma, es más importante comprender la respuesta que el hecho traumático.

Para algunos, los hechos traumáticos son meros hechos, pero los mismos hechos desencadenan respuestas potencialmente mortales en otras personas. Sus cuerpos responden como si fueran a morir, en la línea de la respuesta del ratón entre las fauces del gato.